domingo

Tecnologías de la amistad

La pregunta ¿qué tienen en común un músico, un electricista, un juez de cámara y un sociólogo? podría disparar muchas respuestas diferentes. Lo que casi seguro nadie respondería, es que todos ellos pertenecen a una micro sociedad autogestionada con casi quinientos miembros, que posee una moneda propia y que hace exactamente tres años practica el arte de conectar gente.
Se trata de Proyecto V, una red de grupos e individuos que intercambian bienes, servicios, habilidades y conocimientos a través de un sitio de internet, que es a la vez un juego económico y un experimento político. Tiene una moneda propia, el venus, que opera como medio de intercambio, como una herramienta de soberanía y como un símbolo de pertenencia al grupo.
El proyecto comienza a funcionar cuando en octubre de 2002, el sociólogo y gestor cultural Roberto Jacoby consigue la beca Guggenheim para llevar a cabo su plan. “Ya desde mediados de los noventa trabajo en el desarrollo de redes multimedia de artistas y tecnólogos a través del proyecto Bola de nieve, Chacra99, la revista Ramona, y Venus. El objetivo esencial está sintetizado en lo que yo llamo tecnologías de la amistad, o sea, tejer redes para reunir a la gente y generar nuevas relaciones”, explica Jacoby.
Para entrar a la comunidad hay que ser recomendado por un miembro activo y tener al menos un servicio o producto para ofrecer en moneda venus. En página principal del sitio aparecen los pedidos, las ofertas, las novedades y la agenda. Los integrantes tiene la posibilidad de publicar todo lo que quieran, mostrar fotos y subir su música. Algunos ofrecen clases de canto, otros piden un acompañante para ir al cine, publicitan sus actividades o difunden sus ideas.
El sitio tiene más de 20.000 visitantes únicos cada mes, y casi mil suscriptores reciben el boletín semanal que resume los últimos mensajes y novedades. Cada integrante posee un espacio con su foto y un texto donde cuenta quién es, a qué se dedica, qué cosas le gustan y qué participaciones tuvo en el proyecto, y todos los miembros pueden ver el perfil de los demás.
Lara Correa, por ejemplo, armó su banda con gente que conoció a través del sitio y cuenta: “Yo tenía ganas de tener un grupo, así que hice un pedido de músicos en la página y me escribieron unos chicos. Nos conocimos, pegamos buena onda y nos pusimos a tocar. También a través del proyecto encontramos otras bandas con las que compartimos recitales y organizamos cosas”.
Aunque existe un predominio de artistas, músicos, diseñadores y otras profesiones relacionadas con la producción y gestión cultural, por lo menos la mitad de los miembros provienen de áreas diferentes. Hay psicólogos, amas de casa, contadores, médicos, desocupados, un taxista, estudiantes y un largo etcétera.La iniciativa trasciende el acto individual que supone el uso de una computadora. Utiliza la tecnología como herramienta, como primer paso para construir lazos y generar relaciones. Jacoby da cuenta de eso: “Estoy seguro que a la mayoría de la gente que estuvo en contacto con el proyecto algo le pasó, algo le sirvió, algo le cambió. Todo muy personal y diferente, pero siempre algo relevante: consiguieron novios o novias, expusieron, cantaron, hicieron teatro, organizaron, ganaron becas, se hicieron famosos, ganaron venus y dinero, tuvieron público, se psicoanalizaron, tuvieron atención médica, decoración, comida. Digo lo que me voy recordando pero es algo tan variado como la vida”.
Nota realizada en Octubre de 2005.