
Nota publicada en Gente Online el 28 de octubre de 2010.
el blog sobre las pavadas que se le ocurren a Félix

“¿Quién nos convenció de que la música de protesta era grasa?”, preguntaba el cantautor Gabo Ferro, hace poco más de un año, en una entrevista para el canal Ciudad Abierta, y al hacerlo intentaba echar un poco de luz sobre la carga ideológica que atraviesa a la lírica pop actual. Los efectos de una generación despolitizada calaron hondo en el imaginario cultural aunque siempre hubo grupos que resistieron, al menos desde lo discursivo como Mano Negra y Todos Tus Muertos, por nombrar dos de sus principales exponentes. De las entrañas de ese sub-género emerge este año el disco debut de Imperio Diablo, un grupo que combina con mucha lucidez sonidos de la música tradicional andina con reggae, hip hop, dancehall y música electrónica.
Trombón, percusión, trompeta, acordeón, sikus y charango son sólo algunos de los instrumentos que dan forma a este combo festivo que propone el baile como modo de resistencia y utiliza las letras no sólo con un fin concientizador sino también como postales de la cultura popular latinoamericana. Así, aparecen gemas como Rebelión Aymara, un reggae tan impecable como actual que no tardó en musicalizar la espectacularización mediática del conflicto boliviano. Por su parte Diablada, la segunda canción del disco, deslumbra por su descripción de las fiestas populares y articula con sutileza el hip hop y la cumbia, a la vez que Cecilia Wara, charanguista y una de las voces principales ensaya un timbre que la deja cerca de íconos bailanteros como Lía Crucet ó Gladys “la bomba tucumana”.
Para la realización de este primer trabajo, el grupo de Paternal, contó con la colaboración de Ciudavitecos, banda que les ofreció grabar en su estudio, y como Evita cumple, Perón dignifica, la masterización estuvo a cargo de Goy, líder indiscutido del rasta-punky-party local y por supuesto, de Karamelo Santo.
Como en todo álbum debut, la banda plasmó el trabajo desarrollado desde sus inicios allá por 2005, y si bien la producción de las bases demuestra un oído afilado y minucioso, la cantidad de instrumentos y la pomposidad de los mismos a veces juega en contra y da un efecto de sobrecarga o falta de síntesis. Una suerte parecida corre el arte del CD que cuenta con un diseño muy cuidado, de esos que hacen valer el ejemplar original, pero que redunda de colores y símbolos.
Con un inevitable futuro de éxitos por delante, Imperio Diablo, llama la atención sobre las infinitas posibilidades que ofrece la música andina para bailar y matizar los ritmos embasados que se importan desde los otros imperios, los del norte. No están solos en esta táctica de resistencia cultural, comparten las armas con Fanfarrón, Semilla, El Hijo de
Video de la canción Bailar:
La pregunta ¿qué tienen en común un músico, un electricista, un juez de cámara y un sociólogo? podría disparar muchas respuestas diferentes. Lo que casi seguro nadie respondería, es que todos ellos pertenecen a una micro sociedad autogestionada con casi quinientos miembros, que posee una moneda propia y que hace exactamente tres años practica el arte de conectar gente.